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¿Qué me llevo de la Diplomatura 2019?

Al dar inicio al cursado de los distintos módulos,  jamás me imagine que recibiríamos una invitación para realizar un viaje hacia el interior de nosotros mismos, hacia el poderoso camino del autoconocimiento.

Poco a poco, fuimos experimentando la importancia de tomarnos un tiempo, de hacer una pausa en nuestra cotidianeidad para poder mirar profundamente en nuestro interior y a nuestro alrededor. De esta manera, invitando a la reflexión, comenzamos a darnos cuenta sobre la importancia de tener en claro cuáles son nuestros valores reales, ya que los mismos se erigen como guías de nuestras vidas; como así también reconocer nuestra propia valía y lo significativo que ello implica ante las adversidades que pudiesen presentarse.

El poder volver consciente las vivencias corporales y emocionales, nos posibilitó conectarnos a un nuevo espacio de aprendizaje sobre nuestro propio funcionamiento,  facilitando el acceso a relaciones de mayor calidad y a un camino de encuentro, escucha sensible y respeto hacia el prójimo.

Los distintos encuentros fueron un motor al descubrimiento de nuestra pasión, a movernos con flexibilidad, a tener proyectos en nuestra vida, a estar enfocados en lo importante, a conectarnos con el disfrute del diario vivir y a tomar el desafío de no ponernos en el papel de víctima sino en constituirnos en responsables y protagonistas de nuestras vidas.

La excelencia de todo el plantel docente es digna de destacar, superando con creces mis expectativas, además de la profesionalidad y el compromiso que esbozaron, lo hacían con una profunda calidez, respetando nuestros procesos individuales, inspirando e impulsando nuestro crecimiento.

Este viaje que es inacabado pero cada vez más rico, se convirtió en una invitación a ampliar nuestra perspectiva, a tratarnos con amabilidad y respeto, a explorar nuevas maneras de hacer las cosas, de movernos, dotándonos de  flexibilidad y adaptabilidad ante las vicisitudes, utilizando la propia vulnerabilidad como estímulo de aprendizaje y otorgándonos la valiosa posibilidad de hacer de nuestra vida un proyecto mejor. Y  poder decir junto a  George Bernard Shaw: “La vida, para mí, no es una vela que se apaga. Es más bien una espléndida antorcha que sostengo en mis manos durante un momento, y quiero que arda con la máxima claridad posible antes de entregarla a futuras generaciones”.